Film Mi Calle (1959).
Un ejemplo de valores humanos que no olvida a las personas con discapacidad.
La película, que cuenta con un extraordinario elenco de actores de la talla de Julia Gutiérrez Caro,
Adolfo Marsillach, Susana Campos, Conchita Montes o Agustín González entre otros,
retrata con extraordinario detalle y buen gusto la vida española a lo largo de 50 años
en una calle que evoluciona al compás de los cambios políticos y sociales de la época.
Una calle en la que conviven diversas familias de muy variada posición económica y social.
Lo que hace que esta película resulte a mi modo de ver algo fuera de lo común
es la extraordinaria capacidad “humana” de su director por mostrar en cada pequeño detalle
y cada pequeña escena un sinfín de mensajes ejemplares. El film es un empeño casi constante
por resaltar la importancia de la cordialidad, la amistad y el respeto entre las personas (el vecindario)
por encima de las opiniones políticas o status económico-social de cada individuo o familia.
Unas cualidades que cuando son conjuntas en la ciudadanía ayudan sin ninguna duda a convivir mejor
y ser todos un poco mas felices. Y así mismo advierte del peligro cuando se degradan esas actitudes
o cualidades humanas para rayar la intransigencia e intolerancia.
Es un ejemplar mensaje que este director trasmitió hace cincuenta años y que en estos tiempos del Siglo XXI
es importante valorar y meditar. Son pocos los directores de cine de todos los tiempos
con la capacidad de realizar trabajos así. Edgar Neville fue un prodigio en este sentido,
inigualable incluso si se le compara con los profesionales del cine de estos tiempos actuales,
que muy a menudo descuidan en sus trabajos reparar en estos detalles tan importantes.
Por otro lado, muy pocos directores de épocas pasadas se animaban a mostrar en un plano secundario
a un personaje con discapacidad con la sensibilidad con que lo hace en este film.
Neville resalta la transformación del urbanizado de la calle como pieza importante
para reflejar el progreso de la ciudad y la evolución de los tiempos,
y a la vez, aprovecha el reflejo de esta transformación para tocar ligeramente algo tan importante
como era la dificultad de movilidad de las personas con discapacidad en su entorno.
Al compás que evolucionan los tiempos y las personas, la ciudad va sufriendo ciertas transformaciones
que el director refleja a través del urbanizado de la calle que en un principio era de
tosco empedrado a base de cantos rodados. Todo ello no era demasiado cómodo tal
y como se detalla en escenas, donde las señoras se resbalaban cuando llovía, etc...
Pero la ciudad prospera con el paso de los años y la calle pasa del empedrado a ser
adoquinada elegantemente. Tras ello, años mas tarde y con el cambio de las caballerías por el automóvil,
el adoquinado termina siendo sustituido por el asfalto.
Una transformación en la que aparecen en escena las reformas, zanjas y parches sobre lo recién construido,
algo que al parecer “nuca pasó de moda” pues se conserva aún como gran tradición.
Pero cuando alguien en nuestros días observa la descripción que se hace en el film de como eran las calles
del Madrid de principios de Siglo XX, lo primero que se pregunta y cuestiona es:
-¿Cómo viviría en aquellos tiempos una persona con dificultad de movilidad?.
- ¡A penas podría salir de casa con una silla de ruedas!.
Y cuando el espectador está pensando tal cosa, sin esperar que un film de hace cincuenta años
le muestre tal sensibilidad puesto que no era lo habitual en el cine, resulta que aparece sorpresivamente
en escena el personaje de una joven que tras caerse desde su ventana al patio del edificio,
se queda en una silla de ruedas.
Petra, que así se llama el personaje y que aparece con su silla de ruedas acompañada por el vecindario;
se muestra muy alegre y contenta porque las calles de Madrid están pasando de estar empedradas
a ser pavimentadas con adoquines y ¡ya puede salir con su silla de ruedas!.
El film resalta el sentido amistoso y cordial del vecindario con este personaje,
al que en ningún momento el director refleja de forma lastimosa o sin futuro, tal y como solía
hacerse en los muy pocos films pasados en los que aparecía algún personaje con discapacidad.
El vecindario incluso contribuye conjuntamente para lograr que Petra pueda tener su propio
establecimiento de loterías.
Estos valores humanos del vecindario hacia este personaje, son todo un ejemplo
que jamás debieran de perderse, pues si en el pasado suponían una pieza clave
ante la inexistencia de a penas recursos sociales para estos casos, en la actualidad no dejan también
de ser fundamentales, puesto que sin unas buenas actitudes y valores humanos por parte de la sociedad,
no cabe el bienestar, felicidad ni ganas de vivir de las personas con éstas dificultades.
Dar un enfoque tan adecuado a esta cuestión (hace 50 años) solo podía ser propio de una persona
con una especial sensibilidad humana.
Si he de escoger una escena de esta bonita y ejemplar película,
me quedaría con aquella en la que llega a la calle uno de los nuevos autobuses de dos pisos
que estrenaba el Madrid de la época, al cual todos los vecinos quieren subir para ir a celebrar
que a uno de ellos le toco la lotería. También llevan a Petra y su silla de ruedas,
a la que entre todos tratan de introducir al autobús. Pero al insistir el cobrador en que la silla de ruedas
no puede viajar, se ven obligados a bajarla, decidiendo también bajar todos para ir caminando con ella,
no sin antes y a pesar de lo ocurrido ayudar al autobús a salir de un bache en el que
segundos después queda embarrancado.
En conclusión; un film en blanco y negro, repleto de coloridos valores.
Una opinión de:
Ref filmografía:
En 1959, el director de cine Edgar Neville realizó un film titulado “Mi Calle”.
Esta película, estrenada en 1960 refleja extraordinariamente las costumbres y modos de vida
de la sociedad del Madrid de principios del Siglo XX, centrando su historia en una castiza calle
del casco histórico de esta ciudad; la calle de Don Pedro.
Enrique González Blanco.
Usuario de silla de ruedas.
Proyecto social pedagógico Abedul. 2010.
Título: Mi calle. Año 1960.
Guión y dirección: Edgar Neville. Producción: Sevilla Films.

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