La sexualidad cuando existe una discapacidad.
Un derecho y necesidad de la persona no asimilado por la sociedad.
No es muy frecuente encontrar artículos de prensa, reportajes, programas.., que hablen sin tabúes sobre el derecho
de las personas con discapacidad a disfrutar de una plena vida sexual como cualquier otra persona,
ni tampoco de los graves inconvenientes y discriminaciones que los afectados encontramos en ese camino.
Los complejos, los tabúes y la escasa cultura de nuestra sociedad pasada y presente en este sentido,
han llevado a que la mayor parte de la sociedad; de por hecho que quienes padecemos una disfunción,
no tenemos vida sexual ni derecho a tenerla, y quien la tiene o pretende tenerla en tal situación
"sobre todo si no está previamente casado"; pues al parecer,
adquiere un comportamiento vergonzoso por el que ha de sentirse culpable como si de algo malo se tratase.
En mi opinión, las personas afectadas por una gran discapacidad, también tenemos sentimientos y sensaciones
de deseo y placer hasta en el mas complejo y sorprendente de los casos, "a menudo reprimidos y ocultos en nuestro interior
por la vergüenza y el que dirán", pues tal y como ratifican psicólogos, sexólogos y expertos; hay muchas formas de relaciones placenteras. El simple contacto con otra piel,
con otro cuerpo.., ya es un estímulo y un cúmulo de sensaciones, a lo que no deberíamos de renunciar
o de estar privados, considerándose como una necesidad de la persona para su desarrollo personal y emocional.
Debiera por tanto de comprenderse y dejarse de ver con hipocresía o como algo
escandaloso "que no ocurre ni debiera de ocurrir en nuestros casos".
Que se garanticen este tipo de derechos para las personas con discapacidad, no es fácil de aceptar por una sociedad
"reprimida por progre que parezca" que aún no es capaz de asimilar nada de todo ello con naturalidad.
Y aunque se estén dando grandes cambios en el mundo respecto a esta materia como mas adelante veremos;
en nuestro país, los años pasan y a nivel político nada de ello se oye, porque
¿a ver quien es el valiente que se atreve a plantearlo?, sin que el resto se eche las manos a la cabeza
"en actitud escandalosa" poniendo el grito en el cielo y exclamando: ¡sólo faltaría eso!.
Hay programas novedosos para garantizar este derecho a quienes por su grado de discapacidad, no
tienen modo de lograr ese contacto físico sexual, esas caricias compartidas,
esas sensaciones especiales de recibir y dar placer que todos necesitamos para un optimo equilibrio
emocional.
La soledad es inmensa ante estas necesidades, agudizándose en función del entorno, grado de discapacidad y
posibilidades de independencia y movilidad de cada persona. Piénsese que hay personas que dada su compleja situación de
discapacidad, a penas se relacionan en otro entorno diferente al familiar, sin mas contacto exterior ni por tanto posibilidades de conocer
a nadie físicamente. Y es precisamente en estos casos en donde se hace prioritaria la necesidad de idear programas
para que cuando surja la voluntad de estas personas, puedan tener posibilidad de mantener relaciones sexuales.
Desnudar este problema frente a la sociedad y la política, es una gran necesidad porque destapa el sufrimiento interno y
privación de muchas personas con un deseo vital muy íntimo que sienten necesario y nunca pueden cumplir.
Deseo que los siguientes comentarios y artículos que a continuación transcribo, puedan servir a todos los interesados
en esta materia tan humana, a fin de documentarse sobre la problemática que se esconde tras esa cortina de tabúes
que existe al respecto.
Enrique González Blanco.
Proyecto Abedul 2009. (Actualizado en 2011).
Artículo de Swissinfo.ch y Observatorio de la Discapacidad, 2009:
Son enfermeras, masajistas, terapeutas o artistas. Tienen entre 35 y 55 años de edad y adquirieron una formación
para responder a las necesidades sexuales de personas con alguna discapacidad. Una tarea nada fácil porque
la sensualidad de estas personas es un aspecto vedado por la sociedad.
Hablar del cuerpo, de la intimidad, del sexo, no siempre es fácil. Y lo es aún menos si se considera de
modo "distinto". Sin embargo, "la sexualidad de los discapacitados es un derecho que es respetado y salvaguardado
con extrema ternura", indica Aiha Zemp, psicoterapeuta y responsable del Centro Incapacidad & Sexualidad de Basilea,
la primera asociación en haber introducido en Suiza una formación para asistentes eróticos.
"Todo lo relativo a la sexualidad es extremadamente subjetivo. Es un impulso natural, como comer o beber, y
no sólo en el caso de las personas con capacidades normales", explica Zemp.
"Las personas con discapacidad son considerados como seres asexuales, pero en realidad tienen las mismas
necesidades de los otros y los mismos derechos de realizar sus sueños y fantasías".
Para responder a las inquietudes de sus pacientes, la asociación Sexualidad y Discapacidad Pluriels (SEHP),
en la región de habla francesa, entregó los primeros diez diplomas de asistentes sexuales en junio pasado.
Se trata de seis hombres y cuatro mujeres que refuerzan al grupo de unos 20 operadores en la parte germanófona de Suiza.
El proyecto se remonta a 2002, cuando la sección zuriquesa de Pro Infirmis –dedicada justamente a
las personas con discapacidad- elaboró un programa educativo en este campo. Pero la noticia atrajo
un interés mediático inesperado y provocó que numerosos donantes retiraran su apoyo a la organización
por calificar el concepto como una "forma latente de prostitución".
En pocos meses, Pro Infirmis perdió unos 400.000 francos y decidió así retroceder en sus planes.
Fue entonces que entró al juego la organización de Basilea, en 2004, formando a la primera tanda de
asistentes sexuales, bajo iniciativa de su presidenta Aiha Zemp, ella misma afectada por una disfunción.
A un lustro del inicio de esta experiencia, el balance es positivo, aunque no han desaparecido del todo las críticas.
Combatido en países de mayoría católica, como Italia, este tipo de apoyo no es sólo una prerrogativa suiza,
sino se encuentra también en Holanda, Alemania y Dinamarca. A partir de la década de los años 80, en los
Estados Unidos y en el norte de Europa se forman personas para la asistencia sexual. Prestaciones que en
algunos países escandinavos paga el seguro de enfermedad.
Suiza aún no ve del todo esta labor como una necesidad. Pero ¿qué es exactamente el acompañamiento sexual?
"No existe un catálogo de prestaciones", responde Catherine Agthe Diserens, presidenta del centro
de atención para discapacitados en la parte francófona de Suiza.
"La situación es evaluada de modo individual". Cuando la comunicación con el mundo exterior se limita
a algunos gestos y palabras, la ayuda de la familia y de los educadores se vuelve fundamental.
Masajes eróticos, caricias, desnudo o masturbación, el abanico de propuestas es amplio y responde a
la necesidad de una intimidad frecuentemente negada o estigmatizada.
Los asistentes 'ofrecen' con empatía y respeto un poco de relajación, con el pago de una tarifa que puede
ir de los 150 a los 200 francos por hora", continúa Catherine Agthe Diserens.
A veces se trata simplemente de descubrir el placer o de encontrar una función perdida a causa de un accidente,
mientras que en otras ocasiones se trata de contactos orales o penetración.
"Esta ayuda no es la solución al problema en sí mismo", precisa Zemp. "Pero es una posibilidad de colmar un
deseo cuya existencia se negaba hasta hace poco".
A diferencia de la prostitución común, este acompañamiento sexual requiere un aprendizaje complejo
centrado en el respeto del otro, la ética, la escucha.
"Los asistentes sexuales deben ser personas equilibradas, que tienen clara su propia sexualidad y su actitud
ante las personas con discapacidad.
Además, deben practicar otra profesión que los ocupe al menos el 50% de la semana laboral de 40 horas en
Suiza e informar a su pareja, en caso de tenerla, de esta actividad", advierte Diserens.
Para Aiha Zemp, los asistentes sexuales alzan un velo a un mundo oculto de necesidades negadas y de una
gran búsqueda de afecto.
Si el derecho a la sexualidad de los discapacitados existe, sus deseos siguen envueltos en muchos tabúes y
prejuicios. La formación de 10 asistentes sexuales en la Suiza francófona ha puesto los reflectores sobre
un mundo oculto de necesidades negadas y búsqueda de afecto.
Fecha de publicación: 11-08-2009.
Fuente: Swissinfo.ch
www.observatoriodeladiscapacidad.es
Artículo de RCN, 2007:
Gobierno de Dinamarca financia servicios profesionales del sexo a los grandes discapacitados.
Copenhague, Dinamarca (RCN) – La polémica iniciativa ha sido duramente cuestionada,
pues los partidos conservadores insisten en que hay mejores cosas en qué invertir.
Con el eslogan "Sexo, independientemente de la discapacidad", las autoridades lanzaron
un programa en el cual se financia a un grupo de mujeres para que tengan intercambios sexuales con minusválidos.
Dentro de las disposiciones legales, las trabajadoras sexuales deben atender los deseos
de los discapacitados y las personas que estén a cargo de ellos deben mostrar el mayor respeto hacia estas mujeres.
Sin embargo, Kristen Brosboel, portavoz del Partido Social-Demócrata indicó que "destinamos
gran parte de nuestro presupuesto para rescatar a las mujeres de la prostitución y, sin embargo,
al mismo tiempo, las alentamos oficialmente a que tengan sexo con lisiados".
No obstante, Stig Langvad, miembro de la Asociación de Discapacitados de Dinamarca, aseguró que
los políticos sostienen un "doble discurso", pues “todos tienen derecho a acceder libremente a una buena vida sexual.
Artículo de Europa Press, 2007:
La presidenta de la Comisión de la Mujer del Comité Español de representantes con discapacidad (CERMI),
Ana Peláez Narváez, reclamó el derecho de las mujeres con este tipo de deficiencia a acceder
a "profesionales del sexo" debidamente formados para atender sus necesidades y el desarrollo pleno de su vida sexual.
Peláez trasladó esta demanda a los miembros de la Comisión no Permanente para las Políticas Integrales de la
Discapacidad del Congreso de los Diputados, en el marco del desarrollo de la futura ley para atender a
personas con problemas de dependencia.
Según explicó a los medios de comunicación al término de la comisión, se trata de una figura ya
existente en algunos países del norte de Europa, concretamente en Suecia y Noruega, debidamente formada
y retribuida, con el objetivo de dar satisfacción a las necesidades sexuales de las personas discapacitadas.
"No estamos hablando de una figura estrambótica. Si entendiéramos realmente que el disfrute de la sexualidad
forma parte del desarrollo integral del individuo, este tipo de demanda no llamaría tanto la atención",
subrayó la experta del CERMI.
Para Peláez Narváez, esta cuestión cobra especial relevancia en el caso de la mujer, para la que, a su juicio,
los aspectos relativos a la sexualidad "siguen siendo tabú". En el caso de los hombres, cree que la situación
es distinta dado "el rol que se le ha concedido siempre al varón en el entorno familiar".
"Durante muchos años las propias familias se han encargado de que el hombre con discapacidad tuviera ese disfrute.
Incluso los hermanos le acompañaban a mantener relaciones con mujeres. Sin embargo en el caso de las mujeres se
ha obviado esta cuestión", valora.
La responsable de la Comisión de la Mujer del CERMI es consciente de que, hoy por hoy, es complicado que los
poderes públicos impulsen esta figura, pero señala la necesidad "de que se piense que el desarrollo de una
vida sexual plena forma parte de sus necesidades diarias", concluye.